En el tiempo que llevo como editor de esta publicación nunca abordé el tema migratorio en esta columna. Evité hacerlo pues era consciente de que éste es un elemento con muchos matices y en algunos aspectos los que se oponen a la migración tienen sus motivos como también quienes la apoyan. Yo soy hispano y por eso me identifico más con los últimos.
Pero me llegó la hora, y lo que me trajo hasta aquí tiene un sólo nombre: SB1070, la polémica iniciativa migratoria de Arizona que habilita a los agentes de policía del Estado para iniciar averiguaciones sobre el estatus migratorio de un ciudadano común y silvestre, todo con el pretexto de reducir la delincuencia en esta región, asociada indiscriminadamente a los mexicanos.
Aunque la intención tiene toda validez no se pueden confundir las cosas y tal como está planteada la situación el tema de la criminalidad no es más que una máscara para ocultar un racismo que viene despertando en los estados fronterizos de Estados Unidos; el asunto ya está teniendo sus consecuencias, reflejadas en que gentes que vivían, por ejemplo en Phoenix o Tucson, han tenido que abandonar el lugar donde han residido toda una vida; infortunadamente, ante estos hechos muchos estadounidenses que antes saludaban y conversaban con los mexicanos que se están yendo hoy asienten con la cabeza y dicen: no todos son delincuentes pero sí le estaban quitando el trabajo a los ciudadanos americanos.
El tema migratorio es un problema real y no un suceso en desarrollo. En ese sentido las autoridades americanas deberían buscar formas para solucionar de la mejor manera un asunto que desde hace décadas se les salió de las manos. Soy fiel con una convicción: si Estados Unidos, en su rol de primera potencia mundial, asiste con más ahínco los procesos sociales en Latinoamérica, las condiciones en los países latinos mejorarán y habrá más oportunidades para quienes hoy se están viniendo a delinquir a este país.
Pero infortunadamente casi siempre se toman decisiones fáciles y desproporcionadas. Jocosamente me acuerdo del chiste de un hombre que se enteró de que su esposa le era infiel todos los días en el sofá de la sala y para solucionar el tema vendió el sofá. ¿No será el mismo caso?
|
Otros temas de interés
|
|
Aunque la intención tiene toda validez no se pueden confundir las cosas y tal como está planteada la situación el tema de la criminalidad no es más que una máscara para ocultar un racismo que viene despertando en los estados fronterizos de Estados Unidos; el asunto ya está teniendo sus consecuencias, reflejadas en que gentes que vivían, por ejemplo en Phoenix o Tucson, han tenido que abandonar el lugar donde han residido toda una vida; infortunadamente, ante estos hechos muchos estadounidenses que antes saludaban y conversaban con los mexicanos que se están yendo hoy asienten con la cabeza y dicen: no todos son delincuentes pero sí le estaban quitando el trabajo a los ciudadanos americanos.
El tema migratorio es un problema real y no un suceso en desarrollo. En ese sentido las autoridades americanas deberían buscar formas para solucionar de la mejor manera un asunto que desde hace décadas se les salió de las manos. Soy fiel con una convicción: si Estados Unidos, en su rol de primera potencia mundial, asiste con más ahínco los procesos sociales en Latinoamérica, las condiciones en los países latinos mejorarán y habrá más oportunidades para quienes hoy se están viniendo a delinquir a este país.
Pero infortunadamente casi siempre se toman decisiones fáciles y desproporcionadas. Jocosamente me acuerdo del chiste de un hombre que se enteró de que su esposa le era infiel todos los días en el sofá de la sala y para solucionar el tema vendió el sofá. ¿No será el mismo caso?
| < Una despedida parcial | Mucha atención a la seguridad en el sitio de trabajo > |
|---|
|
Nuevas Soluciones
|
Noticias Recientes
|















