El camino de Estados Unidos depende de las buenas y acertadas decisiones de sus dirigentes, ¿están tomando el rumbo adecuado?
por Peter Fontanés
Felicitaciones a Jonah Goldberg por su perspicaz y oportuna columna, publicada en el New York Post y titulada “¡Qué se pudra el bipartidismo!”. Mr. Goldberg se declara, sin ninguna vergüenza, partidario del encubierto acto de la administración Obama de abandonar cualquier pretención de llegar a una fórmula con la minoría republicana, satisfactoria para ambos partidos, en la promulgación del recién firmado paquete de reformas al sistema nacional de salud.
En cambio, los líderes demócratas del congreso desempolvaron sus proverbiales “cojones” y abandonaron la cancha para jugar su propio partido con sus propias reglas, inclinando así la agenda liberal hacia un proyecto de ley de reforma al sistema nacional de salud que no tiene en consideración la aprobación o no de los republicanos. De hecho, fueron los demócratas más moderados, como el senador Joe Lieberman, quienes se convirtieron en la piedra en el zapato en la redacción de la versión final que pasó hace poco por la Cámara de Representantes, dominada por los demócratas y por el Senado y que fue firmada con gran fanfarria por el presidente Obama.
Goldberg asegura en su columna que “durante años, conservadores y liberales han coqueteado con la idea de echar por tierra la descabellada idea del bipartidismo. Transar con los bipartidistas de lado y lado es el camino seguro para no lograr nada importante”.
No hay duda de que si Obama hubiera permanecido fiel a sus intentos por hacer que los republicanos trabajaran para completar este año la reforma a la salud, aún seríamos testigos de los enfrentamientos entre la demócrata Nancy Pelosi y el republicano John Boehmer por los pasillos del congreso, mientras que la legislación sobre prestación de servicios de salud quedaba reducida a “cenizas”.
Teniendo en cuenta la cantidad de leyes polémicas que los demócratas van a promover en las próximas sesiones del congreso, nos veremos otra vez confrontados con muy polémicos asuntos partidistas. Y la reforma a las leyes migratorias encabeza la lista de peticiones de los progresistas. Algunas de las propuestas que se están lanzando aquí y allá son consistentes con las promesas que Obama y el partido demócrata hicieron durante las últimas elecciones nacionales para dar respuesta a las preocupaciones de grupos de electores clave como los sindicatos, las minorías y otros. Y como todos sabemos, en la política lo importante son siempre los números, los estúpidos números.
Así, sería tonto que los demócratas no aprovecharan esta ventaja, adoptando una estrategia de apaciguamiento partidista. Al obrar así, no solamente podrían arriesgarse a perder a grupos clave de seguidores, sino también la oportunidad de hacer avanzar a Estados Unidos hacia una dirección progresista (y no a un punto muerto que estancará nuestra nación en un atolladero trivial de luchas y riñas políticas internas).
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| ¡Al diablo con el bipartidismo y a zarpar mi capitán! |
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El camino de Estados Unidos depende de las buenas y acertadas decisiones de sus dirigentes, ¿están tomando el rumbo adecuado?por Peter Fontanés
Felicitaciones a Jonah Goldberg por su perspicaz y oportuna columna, publicada en el New York Post y titulada “¡Qué se pudra el bipartidismo!”. Mr. Goldberg se declara, sin ninguna vergüenza, partidario del encubierto acto de la administración Obama de abandonar cualquier pretención de llegar a una fórmula con la minoría republicana, satisfactoria para ambos partidos, en la promulgación del recién firmado paquete de reformas al sistema nacional de salud.
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En cambio, los líderes demócratas del congreso desempolvaron sus proverbiales “cojones” y abandonaron la cancha para jugar su propio partido con sus propias reglas, inclinando así la agenda liberal hacia un proyecto de ley de reforma al sistema nacional de salud que no tiene en consideración la aprobación o no de los republicanos. De hecho, fueron los demócratas más moderados, como el senador Joe Lieberman, quienes se convirtieron en la piedra en el zapato en la redacción de la versión final que pasó hace poco por la Cámara de Representantes, dominada por los demócratas y por el Senado y que fue firmada con gran fanfarria por el presidente Obama.
Goldberg asegura en su columna que “durante años, conservadores y liberales han coqueteado con la idea de echar por tierra la descabellada idea del bipartidismo. Transar con los bipartidistas de lado y lado es el camino seguro para no lograr nada importante”.
No hay duda de que si Obama hubiera permanecido fiel a sus intentos por hacer que los republicanos trabajaran para completar este año la reforma a la salud, aún seríamos testigos de los enfrentamientos entre la demócrata Nancy Pelosi y el republicano John Boehmer por los pasillos del congreso, mientras que la legislación sobre prestación de servicios de salud quedaba reducida a “cenizas”.
Teniendo en cuenta la cantidad de leyes polémicas que los demócratas van a promover en las próximas sesiones del congreso, nos veremos otra vez confrontados con muy polémicos asuntos partidistas. Y la reforma a las leyes migratorias encabeza la lista de peticiones de los progresistas. Algunas de las propuestas que se están lanzando aquí y allá son consistentes con las promesas que Obama y el partido demócrata hicieron durante las últimas elecciones nacionales para dar respuesta a las preocupaciones de grupos de electores clave como los sindicatos, las minorías y otros. Y como todos sabemos, en la política lo importante son siempre los números, los estúpidos números.
Así, sería tonto que los demócratas no aprovecharan esta ventaja, adoptando una estrategia de apaciguamiento partidista. Al obrar así, no solamente podrían arriesgarse a perder a grupos clave de seguidores, sino también la oportunidad de hacer avanzar a Estados Unidos hacia una dirección progresista (y no a un punto muerto que estancará nuestra nación en un atolladero trivial de luchas y riñas políticas internas).
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