A través del uso de un tipo específico de recubrimientos, conocidos como intumescentes o retardantes, se puede obtener mejor seguridad de las construcciones en caso de incendio.
Por Vanesa Restrepo
La inversión en seguridad crece cada día más en los Estados Unidos, tanto en el ámbito oficial que mejora la reglamentación vigente, como en el privado, donde cada vez se exigen construcciones con materiales más resistentes. En consecuencia, la industria de la construcción se ha preocupado por brindar edificaciones de mayor calidad que soporten todo tipo de desastres, especialmente aquellos relacionados con el agua y el fuego, puesto que son los más comunes, perjudiciales e impredecibles.
Precisamente para mejorar la resistencia de las edificaciones a los incendios se desarrollaron las pinturas intumescentes, un tipo de recubrimiento que retarda la acción de las lllamas sobre las estructuras metálicas, otorgando un mayor tiempo de acción para los bomberos. Aunque su desarrollo ya tiene varios años, la masificación en su uso apenas comienza a verse.
¿De qué se trata?
El funcionamiento de los intumescentes es, en teoría, bastante simple. Las pinturas que son formuladas en base agua o solvente, fueron diseñadas para tener una fácil aplicación y contienen componentes como la la pentaeritrita y el polifosfato amónico que emiten gases cuando entran en contacto con las llamas.
Una vez se inicia el incendio y la temperatura sube, los gases se mezclan con otros compuestos que los condensan hasta formar una espuma que evita el contacto de las llamas con el metal desnudo y retardan el aumento de temperatura los metales, evitando que lleguen a su punto de fusión, que es cuando colapsa la estructura.
Jeffrey T. Spillane, Senior Product Manager de Benjamin Moore & Co., una de las compañías de comercializan estos recubrimientos en el país, explicó un poco más al respecto: “en presencia del calor o las llamas, las capas de pinturas intumescentes se expanden y forman una gruesa espuma celular que protege el sustrato y reduce la penetración del calor, retardando así la propagación de la llama y retrasando un posible colapso estructural”.
Esta espuma hace que una capa de pintura aplicada a 3 mm. se expanda hasta los 30 cm. y se mantiene así hasta cuando alcanza los 400°C, que es cuando comienza a descomponerse. El punto crítico de resistencia en casi todos los recubrimientos ignífugos llega hasta una temperatura de 500°C, cuando ya los compuestos se han degradado y la protección se desvanece gradualmente.
Fácil aplicación
Las pinturas intumescentes pueden ser aplicadas en todos los sustratos interiores, según lo manifestó Spillane, aunque su uso más común está en las estructuras metálicas que soportan las edificaciones.
Inicialmente se hace necesario un pretratamiento de la superficie con sandblasting (en el caso del acero) de modo que se haga una limpieza del sustrato y se tenga un perfil de rugosidad adecuado para que la pintura tenga suficiente adherencia. En aceros desnudos, el representante de Benjamin Moore recomendó usar un imprimante contra el óxido.
Hay que considerar que la formación de óxido en los sustratos por debajo de las capas de pinturas favorece el desprendimiento de la película y, obviamente, la resistencia del metal que estará más susceptible al colapso.
En su mayoría, estas pinturas están formuladas al látex, por lo pueden ser aplicadas con brush roller o con pistola (spray), en porcentajes por metro cuadraro y grosores de película que varían de acuerdo con el tipo de producto y la edificación de la que se trate. Las indicaciones pueden ser obtenidas en el spec sheet que los fabricantes de las pinturas entregan en los puntos de venta.
Los acabados dependerán de la ubicación de la superficie tratada. En caso de que esta se encuentre a la intemperie se pueden aplicar barnices que protejan de la acción de la lluvia y la radiación solar. En caso de que sea un área interna, se pueden aplicar otras pinturas base agua para dar color o barnices protectores que eviten un desgaste prematuro de la película.
No obstante, Spillane aclara que si estas pinturas son recubiertas podrían perder parte de su eficiencia, en función del tipo y grosor de la capa de acabado aplicada. “Los acabados pueden ser aplicados a cualquier sustrato con la capa de intumescente existente, siempre que se haga una debida preparación. La flamabilidad de la capa de sustrato determinará la eficacia del recubrimiento”, precisó.
Cabe destacar que cuando se hace una adecuada preparación de la superficie, las posibilidades de fallas en la aplicación (burbujas, adherencia, entre otras) se reducen ostensiblemente, pues las pinturas están elaboradas para tener un rápido proceso de aplicación.
El curado de la película intumescente se realiza del mismo modo que cualquier otro recubrimiento arquitectónico, con tiempos que varían según los componentes usados en la formulación.
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| Índice del Artículo |
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| Pinturas que protegen contra el fuego |
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A través del uso de un tipo específico de recubrimientos, conocidos como intumescentes o retardantes, se puede obtener mejor seguridad de las construcciones en caso de incendio.Por Vanesa Restrepo
La inversión en seguridad crece cada día más en los Estados Unidos, tanto en el ámbito oficial que mejora la reglamentación vigente, como en el privado, donde cada vez se exigen construcciones con materiales más resistentes. En consecuencia, la industria de la construcción se ha preocupado por brindar edificaciones de mayor calidad que soporten todo tipo de desastres, especialmente aquellos relacionados con el agua y el fuego, puesto que son los más comunes, perjudiciales e impredecibles.
Precisamente para mejorar la resistencia de las edificaciones a los incendios se desarrollaron las pinturas intumescentes, un tipo de recubrimiento que retarda la acción de las lllamas sobre las estructuras metálicas, otorgando un mayor tiempo de acción para los bomberos. Aunque su desarrollo ya tiene varios años, la masificación en su uso apenas comienza a verse.
¿De qué se trata?
El funcionamiento de los intumescentes es, en teoría, bastante simple. Las pinturas que son formuladas en base agua o solvente, fueron diseñadas para tener una fácil aplicación y contienen componentes como la la pentaeritrita y el polifosfato amónico que emiten gases cuando entran en contacto con las llamas.
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Una vez se inicia el incendio y la temperatura sube, los gases se mezclan con otros compuestos que los condensan hasta formar una espuma que evita el contacto de las llamas con el metal desnudo y retardan el aumento de temperatura los metales, evitando que lleguen a su punto de fusión, que es cuando colapsa la estructura.
Jeffrey T. Spillane, Senior Product Manager de Benjamin Moore & Co., una de las compañías de comercializan estos recubrimientos en el país, explicó un poco más al respecto: “en presencia del calor o las llamas, las capas de pinturas intumescentes se expanden y forman una gruesa espuma celular que protege el sustrato y reduce la penetración del calor, retardando así la propagación de la llama y retrasando un posible colapso estructural”.
Esta espuma hace que una capa de pintura aplicada a 3 mm. se expanda hasta los 30 cm. y se mantiene así hasta cuando alcanza los 400°C, que es cuando comienza a descomponerse. El punto crítico de resistencia en casi todos los recubrimientos ignífugos llega hasta una temperatura de 500°C, cuando ya los compuestos se han degradado y la protección se desvanece gradualmente.
Fácil aplicación
Las pinturas intumescentes pueden ser aplicadas en todos los sustratos interiores, según lo manifestó Spillane, aunque su uso más común está en las estructuras metálicas que soportan las edificaciones.
Inicialmente se hace necesario un pretratamiento de la superficie con sandblasting (en el caso del acero) de modo que se haga una limpieza del sustrato y se tenga un perfil de rugosidad adecuado para que la pintura tenga suficiente adherencia. En aceros desnudos, el representante de Benjamin Moore recomendó usar un imprimante contra el óxido.
Hay que considerar que la formación de óxido en los sustratos por debajo de las capas de pinturas favorece el desprendimiento de la película y, obviamente, la resistencia del metal que estará más susceptible al colapso.
En su mayoría, estas pinturas están formuladas al látex, por lo pueden ser aplicadas con brush roller o con pistola (spray), en porcentajes por metro cuadraro y grosores de película que varían de acuerdo con el tipo de producto y la edificación de la que se trate. Las indicaciones pueden ser obtenidas en el spec sheet que los fabricantes de las pinturas entregan en los puntos de venta.
Los acabados dependerán de la ubicación de la superficie tratada. En caso de que esta se encuentre a la intemperie se pueden aplicar barnices que protejan de la acción de la lluvia y la radiación solar. En caso de que sea un área interna, se pueden aplicar otras pinturas base agua para dar color o barnices protectores que eviten un desgaste prematuro de la película.
No obstante, Spillane aclara que si estas pinturas son recubiertas podrían perder parte de su eficiencia, en función del tipo y grosor de la capa de acabado aplicada. “Los acabados pueden ser aplicados a cualquier sustrato con la capa de intumescente existente, siempre que se haga una debida preparación. La flamabilidad de la capa de sustrato determinará la eficacia del recubrimiento”, precisó.
Cabe destacar que cuando se hace una adecuada preparación de la superficie, las posibilidades de fallas en la aplicación (burbujas, adherencia, entre otras) se reducen ostensiblemente, pues las pinturas están elaboradas para tener un rápido proceso de aplicación.
El curado de la película intumescente se realiza del mismo modo que cualquier otro recubrimiento arquitectónico, con tiempos que varían según los componentes usados en la formulación.
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