Hace cinco años, fui al funeral de un jornalero hispano del sector de la construcción, un inmigrante indocumentado, que encontró prematuramente la muerte al caer desde una altura de seis pisos, de un andamio defectuoso, ubicado en una obra del Bronx, una zona contigua al Estadio de los Yankees de Nueva York.
Nunca podré sacarme de la cabeza los desesperados lamentos de la viuda ni los desgarradores sollozos de sus pequeños hijos resonando en el recinto donde el desdichado hombre yacía muerto. Pero lo más desconcertante de todo fue que la familia del difunto no podía entender cómo pudo haber pasado algo así.
Para ellos, los Estados Unidos eran la tierra de la libertad y el hogar de los valientes, en donde se espera que un hombre pueda regresar sano y salvo a casa cada noche, luego de un arduo día de trabajo. ¿Por qué no estaba papi comiendo, viendo televisión con su esposa y sus niños, y, en cambio, estaba ahí, inerte en un ataúd, esperando abordar un avión que llevara sus despojos a su nativo Ecuador para ser despedido y enterrado en su ciudad natal?
Tristemente, de haber tenido lugar una inspección oportuna del lugar de trabajo en donde murió el trabajador, esta tragedia pudo haberse evitado. A decir verdad, ese día no se estaba siguiendo ningún protocolo de seguridad, el cual habría impedido que el desafortunado trabajador hubiera sido obligado por su tacaño jefe a ahorrar tiempo y dinero en el proyecto usando un andamio ilegal y peligroso, sin hacerlo pasar primero por una inspección. Con solo tomar unas simples medidas de seguridad, la muerte del trabajador latino habría podido evitarse.
Tan solo una semana después de tan desafortunado incidente, dos trabajadores más sufrieron lesiones mortales y, por increíble que parezca, ¡también eran latinos! Para mediados del verano, habían muerto ya 29 trabajadores latinos y nadie estaba haciendo nada al respecto.
Por lo tanto, la dirección de la Asociación de Hispanos de Nueva York en el Sector de Bienes Raíces y la Construcción (HREC, por sus siglas en inglés) convocó inmediatamente a una rueda de prensa y exigió al gobierno municipal la realización inmediata de una investigación.
Muy a nuestro pesar, a pesar de que habíamos enviado un número significativo de invitaciones a nuestros líderes comunitarios y políticos, solamente un puñado de ellos respondió a nuestra convocatoria. Para colmo, únicamente un periódico en inglés y uno en español cubrieron la noticia. ¡El desalentador silencio y la negligencia ante el clamor de los jornaleros de la construcción latinos mostraban que para los líderes de nuestra ciudad, la muerte de estos trabajadores no planteaba ningún problema!
Por increíble que parezca, la semana siguiente un giro irónico del destino cambió el clima de indiferencia que rodeaba el problema de la seguridad de los trabajadores en la ciudad de Nueva York. Desafortunadamente, otros tres trabajadores latinos murieron y esta vez los medios aprovecharon el trágico acontecimiento como un tema oportuno en un día de pocas noticias, que ameritaba una amplia cobertura.
Rápidamente, la alcaldía y una multitud de funcionarios del gobierno empezaron a aparecer para abordar el problema de la manera más eficaz posible. ¡De hecho, un funcionario de la alcaldía, extremadamente ansioso, me suplicó que no “metiera a su oficina en problemas”!
En pocos días, hay que reconocerlo, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg solicitó la suspensión de las instalaciones de todos los andamios y grúas y convocó a un panel de lujo, en el que participaron este servidor y varios líderes del sector, para estudiar este problema.
Se nos pidió expresamente encontrar respuestas a un problema que tuvieran un impacto radical en muchos aspectos de los proyectos de construcción, tal y como los conocemos. Dos meses después, el Concejo de la ciudad había aprobado una serie de leyes de amplio alcance, que estipulaban el aumento de presupuesto para la contratación de más inspectores, el incremento significativo de los fondos para programas de educación en seguridad dirigidos a los trabajadores, y la imposición de multas y sanciones penales más duras a los infractores de las normas de seguridad.
La Comisión para la Seguridad en Andamios de Nueva York también logró poner en marcha estrictos procedimientos de seguridad en la instalación de andamios colgantes y andamios de puentes, en todas las obras de la ciudad de Nueva York.
Este esfuerzo ha dado frutos. La tasa de muertes y lesiones por caídas de grúas y andamios en Nueva York ha disminuido en casi un 90%. De entre los muchos logros que hemos tenido, éste es, definitivamente, uno de los más preciados y gratificantes. Sin embargo, aún es necesario hacer mucho más para solucionar este terrible problema que aqueja a nuestra industria, particularmente en el ámbito nacional.
De acuerdo con la Oficina de Censos de los Estados Unidos, 15,5 por ciento de la población del país es hispana, y esta comunidad representó más de 50% del total del crecimiento global de la población en los Estados Unidos, durante la última década.
La industria de la construcción creció en 559.000 trabajadores y, de éstos, 372.000 eran hispanoparlantes. Actualmente, 29,8 por ciento de la mano de obra total del sector de la construcción está conformada por jornaleros, carpinteros o pintores hispanos. (Con muchísima frecuencia, en su afán por integrarse a la fuerza de trabajo estadounidense, los trabajadores hispanos se insertan en la industria de la construcción como jornaleros, el trabajo más peligroso de la industria).
En la década pasada murieron aproximadamente 600 jornaleros hispanos a causa de accidentes de trabajo. En comparación con otros grupos étnicos, en los Estados Unidos, los trabajadores hispanos sufren una tasa más alta de lesiones ocupacionales, fatales y no fatales. La combinación de estos dos factores, es decir, del peligro inherente a la construcción y del número cada vez mayor de hispanos en la industria, origina un grave incremento en los accidentes de trabajo entre los hispanos que trabajan en la industria de la construcción. Un estudio reciente encontró que los hombres hispanos del sur están perfilándose como el grupo cultural con la tasa más alta de accidentes de trabajo mortales del país.
Un hecho que agrava aún más el panorama es que puede haber un subregistro en las estadísticas sobre accidentes, dado el estatus de inmigración de algunos de estos trabajadores, que hace muy probable que algunas de las muertes nunca se hayan reportado. Una revisión de las estadísticas reveló que en la década de los 90 los hispanos constituían menos de 16% del total de empleados de la construcción en los Estados Unidos, al tiempo que representaban 23.5% de los accidentes fatales. Otro estudio más reciente encontró que los hispanos constituían 34% del total de trabajadores de la construcción empleados, pero representaban 41% de las muertes. El área más peligrosa, y potencialmente más letal, de los accidentes de trabajo en la construcción lo constituyen las caídas desde andamios.
Los contratistas enfrentan varias dificultades en su trabajo por mejorar la seguridad de sus trabajadores hispanos. Por esta razón, los gerentes de las compañías de construcción deben capacitar a su personal administrativo para que entiendan las diferencias culturales y sepan utilizar de manera efectiva dicho conocimiento para tratar a sus empleados.
Los programas de seguridad deben contemplar un aumento en la capacitación, la enseñanza del español para supervisores, la enseñanza del inglés como segunda lengua (ESL) para los trabajadores hispanos, la capacitación en sensibilización cultural para el personal de supervisión, un mayor énfasis en el adiestramiento práctico, una mayor supervisión y la promoción de trabajadores hispanos a cargos de supervisión.
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| Índice del Artículo |
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| Seguridad: diferencia entre la vida y la muerte |
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En el ámbito de la construcción un aspecto que nunca puede dejarse a un lado es la seguridad, por eso debemos tomar conciencia y ser consecuentes con la responsabilidad que ello implica.
por Peter Fontanés
Hace cinco años, fui al funeral de un jornalero hispano del sector de la construcción, un inmigrante indocumentado, que encontró prematuramente la muerte al caer desde una altura de seis pisos, de un andamio defectuoso, ubicado en una obra del Bronx, una zona contigua al Estadio de los Yankees de Nueva York.
Nunca podré sacarme de la cabeza los desesperados lamentos de la viuda ni los desgarradores sollozos de sus pequeños hijos resonando en el recinto donde el desdichado hombre yacía muerto. Pero lo más desconcertante de todo fue que la familia del difunto no podía entender cómo pudo haber pasado algo así.
Para ellos, los Estados Unidos eran la tierra de la libertad y el hogar de los valientes, en donde se espera que un hombre pueda regresar sano y salvo a casa cada noche, luego de un arduo día de trabajo. ¿Por qué no estaba papi comiendo, viendo televisión con su esposa y sus niños, y, en cambio, estaba ahí, inerte en un ataúd, esperando abordar un avión que llevara sus despojos a su nativo Ecuador para ser despedido y enterrado en su ciudad natal?
Tristemente, de haber tenido lugar una inspección oportuna del lugar de trabajo en donde murió el trabajador, esta tragedia pudo haberse evitado. A decir verdad, ese día no se estaba siguiendo ningún protocolo de seguridad, el cual habría impedido que el desafortunado trabajador hubiera sido obligado por su tacaño jefe a ahorrar tiempo y dinero en el proyecto usando un andamio ilegal y peligroso, sin hacerlo pasar primero por una inspección. Con solo tomar unas simples medidas de seguridad, la muerte del trabajador latino habría podido evitarse.
Tan solo una semana después de tan desafortunado incidente, dos trabajadores más sufrieron lesiones mortales y, por increíble que parezca, ¡también eran latinos! Para mediados del verano, habían muerto ya 29 trabajadores latinos y nadie estaba haciendo nada al respecto.
Por lo tanto, la dirección de la Asociación de Hispanos de Nueva York en el Sector de Bienes Raíces y la Construcción (HREC, por sus siglas en inglés) convocó inmediatamente a una rueda de prensa y exigió al gobierno municipal la realización inmediata de una investigación.
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Muy a nuestro pesar, a pesar de que habíamos enviado un número significativo de invitaciones a nuestros líderes comunitarios y políticos, solamente un puñado de ellos respondió a nuestra convocatoria. Para colmo, únicamente un periódico en inglés y uno en español cubrieron la noticia. ¡El desalentador silencio y la negligencia ante el clamor de los jornaleros de la construcción latinos mostraban que para los líderes de nuestra ciudad, la muerte de estos trabajadores no planteaba ningún problema!
Por increíble que parezca, la semana siguiente un giro irónico del destino cambió el clima de indiferencia que rodeaba el problema de la seguridad de los trabajadores en la ciudad de Nueva York. Desafortunadamente, otros tres trabajadores latinos murieron y esta vez los medios aprovecharon el trágico acontecimiento como un tema oportuno en un día de pocas noticias, que ameritaba una amplia cobertura.
Rápidamente, la alcaldía y una multitud de funcionarios del gobierno empezaron a aparecer para abordar el problema de la manera más eficaz posible. ¡De hecho, un funcionario de la alcaldía, extremadamente ansioso, me suplicó que no “metiera a su oficina en problemas”!
En pocos días, hay que reconocerlo, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg solicitó la suspensión de las instalaciones de todos los andamios y grúas y convocó a un panel de lujo, en el que participaron este servidor y varios líderes del sector, para estudiar este problema.
Se nos pidió expresamente encontrar respuestas a un problema que tuvieran un impacto radical en muchos aspectos de los proyectos de construcción, tal y como los conocemos. Dos meses después, el Concejo de la ciudad había aprobado una serie de leyes de amplio alcance, que estipulaban el aumento de presupuesto para la contratación de más inspectores, el incremento significativo de los fondos para programas de educación en seguridad dirigidos a los trabajadores, y la imposición de multas y sanciones penales más duras a los infractores de las normas de seguridad.
La Comisión para la Seguridad en Andamios de Nueva York también logró poner en marcha estrictos procedimientos de seguridad en la instalación de andamios colgantes y andamios de puentes, en todas las obras de la ciudad de Nueva York.
Este esfuerzo ha dado frutos. La tasa de muertes y lesiones por caídas de grúas y andamios en Nueva York ha disminuido en casi un 90%. De entre los muchos logros que hemos tenido, éste es, definitivamente, uno de los más preciados y gratificantes. Sin embargo, aún es necesario hacer mucho más para solucionar este terrible problema que aqueja a nuestra industria, particularmente en el ámbito nacional.
De acuerdo con la Oficina de Censos de los Estados Unidos, 15,5 por ciento de la población del país es hispana, y esta comunidad representó más de 50% del total del crecimiento global de la población en los Estados Unidos, durante la última década.
La industria de la construcción creció en 559.000 trabajadores y, de éstos, 372.000 eran hispanoparlantes. Actualmente, 29,8 por ciento de la mano de obra total del sector de la construcción está conformada por jornaleros, carpinteros o pintores hispanos. (Con muchísima frecuencia, en su afán por integrarse a la fuerza de trabajo estadounidense, los trabajadores hispanos se insertan en la industria de la construcción como jornaleros, el trabajo más peligroso de la industria).
En la década pasada murieron aproximadamente 600 jornaleros hispanos a causa de accidentes de trabajo. En comparación con otros grupos étnicos, en los Estados Unidos, los trabajadores hispanos sufren una tasa más alta de lesiones ocupacionales, fatales y no fatales. La combinación de estos dos factores, es decir, del peligro inherente a la construcción y del número cada vez mayor de hispanos en la industria, origina un grave incremento en los accidentes de trabajo entre los hispanos que trabajan en la industria de la construcción. Un estudio reciente encontró que los hombres hispanos del sur están perfilándose como el grupo cultural con la tasa más alta de accidentes de trabajo mortales del país.
Un hecho que agrava aún más el panorama es que puede haber un subregistro en las estadísticas sobre accidentes, dado el estatus de inmigración de algunos de estos trabajadores, que hace muy probable que algunas de las muertes nunca se hayan reportado. Una revisión de las estadísticas reveló que en la década de los 90 los hispanos constituían menos de 16% del total de empleados de la construcción en los Estados Unidos, al tiempo que representaban 23.5% de los accidentes fatales. Otro estudio más reciente encontró que los hispanos constituían 34% del total de trabajadores de la construcción empleados, pero representaban 41% de las muertes. El área más peligrosa, y potencialmente más letal, de los accidentes de trabajo en la construcción lo constituyen las caídas desde andamios.
Los contratistas enfrentan varias dificultades en su trabajo por mejorar la seguridad de sus trabajadores hispanos. Por esta razón, los gerentes de las compañías de construcción deben capacitar a su personal administrativo para que entiendan las diferencias culturales y sepan utilizar de manera efectiva dicho conocimiento para tratar a sus empleados.
Los programas de seguridad deben contemplar un aumento en la capacitación, la enseñanza del español para supervisores, la enseñanza del inglés como segunda lengua (ESL) para los trabajadores hispanos, la capacitación en sensibilización cultural para el personal de supervisión, un mayor énfasis en el adiestramiento práctico, una mayor supervisión y la promoción de trabajadores hispanos a cargos de supervisión.
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